La remodelación de la avenida Princep d'Asturies ha despertado cierta inquietud entre una parte de los vecinos y comerciantes de la zona. La avenida pasará de tener cinco carriles para coches y autobuses a tener tan solo tres, lo que permitirá ampliar las aceras y, en teoría, pacificar la zona.

Sin embargo, no todos los vecinos y comerciantes están seguros de que la opción elegida sea la más conveniente. Los hay que consideran que si no se solucionan los problemas circulatorios que sufren algunas calles próximas, la remodelación no tendrá los efectos deseados y el tráfico en la avenida seguirá generando las congestiones que hoy en día son habituales.

Las mayores atascos en la avenida se producen cuando, por cualquier motivo, la circulación en la calle Gran de Gràcia sufre restricciones de tráfico. Los usuarios optan entonces por dirigirse a Princep d'Asturies, que suele convertirse en un atolladadero, tanto en dirección a la plaza Lesseps como en dirección a Via Augusta. Si se reducen los carriles en Princep d'Asturies y no se corrigen los problemas en calles adyacentes, el problema no solo no se solucionará sino que se verá agravado.

Por eso consideran que el Ayuntamiento debería ofrecer alternativas al tráfico rodado para cuando Gran de Gràcia no pueda absorber un volumen de vehículos determinado, para que los conductores puedan escoger rutas que no sean dirigirse a Princep d'Asturies.

ASPECTOS POSITIVOS

De todas formas, la mayoría de los vecinos y comerciantes ven con buenos ojos la remodelación de la avenida, reclamación que venían haciendo desde hace tiempo, aunque se muestran a la expectativa hasta ver si la opción elegida soluciona los problemas que arrastran desde hace años.

De hecho, algunos llevan mucho tiempo quejándose al Ayuntamiento por el ruido y la contaminación que genera el exceso de circulación que soporta la calle. Aunque la principal queja es la escasa amplitud de las aceras, hasta el punto que hay algunos tramos en los que se hace difícil andar con tranquilidad, sobre todo a las personas mayores, a las que tiene dificultades de movilidad o a aquellas que llevan carritos de niño.

Las aceras estrechas complican la vida de los habitantes de la zona / CR

Por ello, la ampliación de las aceras está muy bien visto entre los habituales del barrio. Alicia, comerciante y que hasta hace poco vivía en la misma zona, asegura que “ya era hora que se arreglara. Entre el ruido, la contaminación y la velocidad que llevan algunos coches cuando pasan por aquí, la vida se hace difícil”. Cree que la remodelación traerá más beneficios que perjuicios, “pero eso solo lo sabremos cuando se acabe la obra. Ahora lo que más me preocupa es el tiempo que estará la calle levantada, que a los comercientes nos va a perjudicar”.

OPTIMISMO

Joan G. ha vivido toda la vida en Princep d'Asturies reconoce que “es cada día más difícil moverse con tranquilidad. Entre coches, motos, autobuses y camiones no paramos en todo el día de ruidos y humos. Me parece perfecto que se arregle la calle, pero ya veremos cómo se solucionan otros problemas”.

Los que sí parecen optimistas son los propietarios y trabajadores de los negocios de restauración de la zona. “Si amplían las aceras”, dice Albert, “tendremos la posibilidad de poner terrazas y de poder dar una mejor atención a los clientes. Yo soy optimista y espero que todos salgamos ganando, aunque aún no sabemos si nos dejarán poner terrazas y en qué condiciones”.