El comercio tradicional y el más cool conviven en Gràcia. El barrio ha sufrido grandes cambios y sus negocios se adaptan a los nuevos tiempos. La convivencia con los vecinos no siempre es fácil en un distrito condicionado por su configuración. María Chiara, presidenta de la Associació de Comerç i Arts de la Riera Sant Miquel i Voltants, también preside la Federació Gràcia Comerç (formada por 11 asociaciones). En una entrevista concedida a Metrópoli Abierta, aboga por potenciar el comercio local y pide más determinación y comprensión al Ayuntamiento de Gràcia.

¿Cuál es la radiografía que hace del comercio en Gràcia?
Gràcia tiene una realidad comercial propia, con comercios pequeños y locales, que ha sufrido mucho por la crisis económica y por el desarrollo de las nuevas tecnologías, que ha favorecido las compras por internet. Es un barrio con mucho tejido comercial y algunas asociaciones pequeñas nos unimos hace un año para desarrollar acciones conjuntas. Nuestro objetivo es potenciar el movimiento comercial propio que tiene Gràcia.

Ustedes están casi en una zona límite, en Gràcia pero muy cerca de Sant Gervasi.
Sí. Estamos en una zona muy reivindicativa. Estamos en una de las calles más antiguas del barrio, pero muchos vecinos nos identifican con Sant Gervasi. Gran de Gràcia es una gran barrera en la mentalidad de la gente y muchos locales han cambiado dos o tres veces de negocio en la Riera Sant Miquel en muy poco tiempo. Nos hemos agrupado porque no salimos en los mapas y los negocios hemos sufrido muchísimo.

¿El comercio vive un buen momento en Gràcia?
No. Rotundamente, no. En Gràcia somos vecinos, pero cada vez somos menos vecinos. No tenemos un porcentaje tan elevado de turistas como tienen en Ciutat Vella, pero su impacto ha sido importante en todo el distrito. Nos encontramos ante un nuevo escenario porque nos está costando conectar con los nuevos vecinos. Tenemos que potenciar la conexión del comercio de Gràcia con las entidades culturales y tradicionales. Hasta hace poco, casi rivalizaban y queremos tejer de nuevo esta alianza tradicional que marcó la idiosincrasia del barrio.

Gràcia es un barrio con mucho rechazo al actual modelo turístico.
En este tema voy a hablar desde mi posición personal, no como representante de nuestra confederación. No se puede tolerar la turismofobia ni dejar que los turistas hagan lo que quieran. A veces, las administraciones asumen una batalla y la llevan hasta el límite, como sucede actualmente en Barcelona. Estamos a favor de regularizar este tema, pero no podemos despreciar a los turistas. Barcelona es reconocida como capital de la alta cocina, pero muchos visitantes comen congelados. Debemos mejorar la oferta turística y ponernos en valor. En Gràcia hay mucho comercio artesanal, de calidad, innovador. Intentamos defender estos valores.

¿Está a favor de la liberalización de los horarios comerciales?
Este tema todavía no lo hemos discutido. Los horarios de mi restaurante son distintos al de la mayoría de comercios y, obviamente, yo estoy a favor de una total liberalización. La administración local permite abrir cuatro domingos al año, en fechas muy concretas, y sería mejor que los horarios fueran mucho más flexibles.

Eloi Badia recibe críticas de los comerciantes del barrio de Gràcia

¿Cuáles son las necesidades de Gràcia que deberían priorizar los políticos?
En Gràcia hay un problema de convivencia entre el ocio y los vecinos. Es un problema que se ha gestionado mal porque el nuevo plan de usos prioriza la retirada de los comercios de las plazas, consideradas como zonas rojas. La solución no pasa por trasladar un negocio a otro barrio. Es preferible buscar alternativas y respetar el espíritu alternativo de Gràcia.

¿Qué destacaría de la gestión municipal en Gràcia, liderada por Eloi Badia?
Eloi Badia se ha acercado a los ciudadanos, pero se ha alejado de los comerciantes. Si te acercas a una parte, te distancias de la otra, y nosotros necesitamos ayuda después de unos años muy duros. Es difícil encontrar una solución a la problemática de las terrazas si priorizas la voluntad de los vecinos. Comerciantes y vecinos deberíamos ir de la mano en Gràcia porque la mayoría de nosotros somos del barrio. A los responsables del distrito les falta determinación para defender nuestras propuestas.

¿Qué solución vislumbra en el tema de las terrazas para rebajar tensiones en Gràcia?
Cualquier solución debe pasar, en primer lugar, por un cumplimiento de la normativa que implica el respeto de los horarios pactados. El respeto entre vecinos y clientes también es fundamental. La normativa actual se hizo hace tres años y es la misma para toda Barcelona. Es absurdo que una calle de l'Eixample tenga que cumplir los mismos requerimientos que una calle de Sants o del centro. En Gràcia, por ejemplo, las terrazas sólo son viables en las plazas si se requieren 3,20 metros de acera. Administrativamente, algunas cosas no funcionan en Barcelona.

¿Por qué el sector de la restauración está tan preocupado por la nueva normativa sobre los lavabos adaptados para minusválidos.
Como arquitecta puedo decir que obligará a la mayoría de los comercios a realizar grandes obras. Es complicadísimo porque la mayoría no somos propietarios y tendremos que asumir unos costes muy elevados. En Italia, por ejemplo, son los propietarios de los locales quienes deben cumplir las normativas sanitarias, urbanísticas, etcétera. Están obligados a adaptarse a las exigencias legales para alquilar sus locales.