La primera vez que una vecina de la finca situada en la confluencia de la calle Marina y Ausiàs March se quejó ante el consistorio del horno que anida en los bajos fue en 2004. Antes, en 2001, durante una inspección, ya se habían detectado infracciones en sus instalaciones. No sería la primera ni la última vez, ya que, como reitera la Síndica de Greuges, hasta el 2012, en retiradas ocasiones se han constatado deficiencias e incumplimientos de la normativa. Con las denuncias acumuladas en el pasado, el 16 de septiembre, una explosión en la caldera de este obrador dio pie a un incendio que acabó con 21 heridos, uno de ellos en estado crítico.

La síndica, Maria Assumpció Vilà, matiza que “en ningún caso está afirmando que la explosión tenga nada que ver con las infracciones de años anteriores”, sino que su intención al recordar que alertaron de las mismas es incidir “en la necesidad de que las actuaciones municipales hagan cumplir la normativa y sean diligentes para evitar males mayores”. Por eso, recuerda que en 2012, el organismo dio la razón a la vecina que presentó una queja por el incumplimiento prolongado de la normativa pese a sus denuncias ante el Distrito del Eixample y el Ayuntamiento de Barcelona.

Concretamente, la reclamación que recibió Vilà en 2012 se quejaba de la falta de resolución del Distrito ante los problemas de ruido, humos, olores, calor y riesgos para la salud provocados por el obrador en la finca, según esta vecina, que actualmente ya no reside en el inmueble.

Después de investigar el caso, la síndica llegó a la conclusión de que llas autoridades municipales “no utilizaron de manera diligente y consistente los instrumentos técnico-administrativos que estaban a su alcance con el fin de garantizar el cumplimiento de la normativa establecida”. Esta falta de diligencia, argumentaba la síndica en el informe facilitado a Metrópoli Abierta, en situaciones como la descrita permite que “se mantenga durante periodos de tiempos injustificadamente largos la vulneración de derechos básicos de la ciudadanía en su propio domicilio”. Según este documento, otros vecinos de la misma finca también habían presentado denuncias ante el Ayuntamiento.

ACTUACIÓN "INEFICAZ"

“La actuación del Distrito no ha sido eficaz”, admitía Vilà en el informe y recordaba que, pese a que se detectaron infracciones en numerosas ocasiones, “en ningún momento se ha puesto remedio a la vulneración reiterada de derechos básicos”. Asimismo, la síndica destacaba que tampoco se han puesto multas coercitivas o sanciones contra el establecimiento pese a que la actitud de los titulares del mismo “ha sido clarmente dilatoria y desafiante” respecto a las actuaciones municipales. Concretamente, Vilà se estaría refiriendo a las diferentes ocasiones en que un equipo técnico intentó realizar una sonometría durante la noche para medir el ruido de la actividad del obrador y sus propietarios interrumpieron la actividad, de manera que estas inspecciones resultaron infructuosas.

Tras el toque de atención de la síndica, el Distrito respondió el 28 de febrero de 2013. Según el Ayuntamiento, a pesar de los recursos y esfuerzos del servicio de Licencias e Inspección había hecho desde el año 2008 hasta ese mismo momento, incluyendo la instrucción de diversos expedientes de la legalidad urbanística, “la situación de la promotora de la queja no había quedado resuelta en su totalidad”.

SIGUE PRECINTADO

El consistorio consideraba que los requerimientos que se exigían al propietario del horno, incluso el cierre de parte del local, estaban resueltos “de manera total o parcial” ya que finalmente se habría dado respuesta a las deficiencias señaladas tras las inspecciones. Asimismo, desde el Ayuntamiento también aseguraban haberse reunido con la vecina que interpuso la queja y a raíz de este encuentro, se hizo una nueva inspección el 27 de febrero del 2013. En esta ocasión, según el Distrito no se detectaron problemas de salubridad, olores o humos, ni deficiencias graves con la instalación eléctrica. La estructura del local, formada por vigas de madera, estaba afectada parcialmente por humedades del piso superior, según informaron. En opinión del consistorio, no quedaba garantizada la clausura de los conductos de extracción del obrador.

Actualmente, el horno y el acceso a esta finca permanecen precintados y los bajos del inmueble continúan visiblemente deteriorados por el incendio. Los vecinos fueron desalojados tras la explosión ya que, aunque el edificio no presenta daños estructurales, se fundieron las tuberías de agua y los bomberos cortaron el gas. Según los propietarios de un establecimiento de alimentación cercano a esta panadería, la Guardia Urbana habría acudido al horno en reiteradas ocasiones durante los últimos años a realizar inspecciones. Sin embargo, tanto estos comerciantes como uno de los vecinos de la finca anexa consideran que ni el ruido ni el olor de este horno salen fuera de lo normal en lo que se esperaría de cualquier negocio de este tipo.