Encarna, una jubilada de 68 años y Susana, viuda y madre de un hijo de ocho años, han sido desalojadas este martes del edificio situado en la calle Entença, número 151. Entraron a vivir hace tan solo una semana acompañadas por el Grup d’Habitatge de Sants para ocupar dos de los cuatro pisos vacíos que había en el inmueble ante su situación de vulnerabilidad. Pero hoy se han quedado de nuevo en la calle tras un tenso desalojo.

Susana, por ejemplo, vive con los 265 euros que le corresponden a su hijo por orfandad y hasta hace dos meses trabajaba a media jornada, pero desde entonces no encuentra un empleo que les permita vivir en un piso alquilado. Dice que el boca a boca le llevo hasta la opción del realojo ocupacional en uno de estos pisos junto a La Modelo. Era su única salida ante la falta de soluciones sociales. Pero ni ella, ni su hijo, ni Encarna volverán a dormir ahí pese al apoyo de vecinos y entidades sociales. Los mismos que este martes han bloqueado la puerta  principal hasta que los agentes los han obligado a la fuerza a apartarse. Un desahucio a pie de calle que contemplaban algunos vecinos de la zona y que ha acabado con dos personas, un hombre y una mujer, atendidos por los Servicios de Emergencias Médicas (SEM).

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Mossos d'Esquadra frente a manifestantes en Entença 155 / M.S.

EL COLCHÓN EN LA CALLE

“Los Mossos se han presentado a las cuatro de la tarde con un señor que me han pedido la documentación y me ha dicho que me fuera a la calle. Ni a mí ni a ningún vecino de la escalera nos dejan pasar, a ninguno de los cuatro a los que nos han roto la cerradura”, explicaba Encarna a este diario mientras veía como dos agentes impedían el paso de vecinos y periodistas desde el interior del edificio y otros diez esperaban una orden cerca del portal. Esta noche, explicaba, acudirá a casa de su hermana.

Susana, por su parte, se ha encontrado con la situación acompañada de su hijo de 8 años, quien ha presenciado tanto el desalojo en el edificio como en la misma portería. “He subido a por cuatro cosas que he podido bajar y poco más”, lamentaba después de que, un acto de impotencia, bajara el colchón y lo tirara frente a los Mossos que todavía aguardaban a unos metros del portal. Todo ello ante la mirada de los regidores Gala Pin, Eloi Badia y Jaume Asens. “Lo he hecho porque era donde estábamos durmiendo, llevamos 8 días aquí. No tenemos otro sitio.”

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Los regidores Gala Pin y Eloi Badia a los que posteriormente se ha sumado Jaume Asens / M.S.

SEIS FURGONES Y MEDIO CENTENAR DE MANIFESTANTES

Cerca del número 155 de la calle Entença, seis furgones de los Mossos d’Esquadra y otros tres coches patrulla se han presentado esta tarde ante el portal con la orden de desalojar el primero primera, donde vivía Encarna. Desde el Grup d’Habitatge Social denuncian que los agentes hayan actuado sin orden judicial, pero ha bastado una orden jurada de un tercero para desencadenar el tenso desalojo. “Los Mossos han llegado con el administrador de la finca con un papel jurado de un hombre que dice que ayer por la noche aquí no había nadie, que las cuatro viviendas estaban vacías y con las placas de hierro, lo cual es mentira porque llevan una semana”, explicaba Aida, una de las integrantes de la organización.

Pasadas las ocho de la tarde, los agentes han avanzado hacia el portal donde una decena de personas bloqueaban la puerta principal. Al final, haciendo uso de la fuerza, han apartado a los manifestantes y han creando un cordón de seguridad para impedir el tránsito de personas. Ni siquiera los vecinos o periodistas que querían entrar han podido acceder al interior. Con todo, una mujer ha resultado herida tras caerse al suelo y recibir un golpe en la cabeza. Un médico que se encontraba en la zona ha sido el primero en atenderla hasta que una dotación del SEM se ha acercado y se la ha llevado en camilla. Otro hombre, que también decía haber recibido un golpe, ha sido atendido por los servicios médicos.

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Una mujer ha resultado herida durante el desalojo a pie de calle / M.S.

REALOJO OCUPACIONAL

Tanto Encarna como Susana -y otras dos parejas que hoy no han estado presentes en el desalojo- hicieron uso del realojo ocupacional como única vía de encontrar un techo. “La idea es la de realojar a personas en emergencia habitacional, que no tiene un sitio porque no puede alquilar y emergencias sociales no les da un sitio. Y lo que se quiere es forzar y negociar un alquiler social que es pagar aquello que con tus  ingresos puedes pagar para continuar viviendo. Es la única forma de que las vecinas nos quedemos en Barcelona”, sostiene Marta Irriarte, del Grup d’Habitatge Sants. “Es una situación que clama al cielo”.

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Susana y su hijo siendo atendidos por los servicios de Emergencias Sociales de Barcelona / M.S.

ESPECULACIÓN INMOBILIARIA

Ante esta situación, no existe un marco legal que defienda este tipo de actuaciones, pero la interpretación legislativa les empieza a dar una tregua. “La usurpación está considerada como delito dentro del código penal, lo que pasa es que ha habido sentencias y jueces que han considerado que había un atenuante que es el estado de necesidad”, explica Laura González, abogada del Sindicat de Llogaters.

Hace tan solo dos meses, los vecinos convocaban una rueda de prensa a pie de calle para denunciar que el propietario negociaba con Renta Corporación la venta de los inmuebles. De los doce pisos, en ocho habia inquilinos de alquiler y otros cuatro vacíos -los recientemente ocupados-, pero la idea era y es vaciarlos todos para dar el pelotazo inmobiliario. A través de un burofax empezaron a recibir un mensaje: no se les renovaría el contrato. A una de las parejas les llegó a pedir 165.000 euros si se querían quedar frente a los 400€ de alquiler mensual que pagan ahora.

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Mossos d'Esquadra ante el edificio / M.S.

La noche del martes, Susana y su hijo han dormido en una pensión ofrecida por los servicios de emergencias sociales de Barcelona. Encarna con su hermana. Pero a partir de este miércoles, ambas tendrán que volver a buscar un techo. Otra vez.