Los granitos de arena que invaden las toallas, la masa de turistas sedientos de sol y los compromisos derivados de trasladar los trastos y vigilar tus pertinencias pueden quitarle a uno las ganas de ir a la playa por mucho que el calor apriete. Ante esta retahíla de incomodidades, muchos barceloneses han encontrado en las piscinas el antídoto ideal. Entre ellos, los vecinos del Eixample, que pueden presumir de tener su propio oasis híbrido (mitad piscina, mitad playa artificial) en el interior de la isla que forman Roger de Llúria, Bruc, Consell de Cent y Diputació, donde los Jardins de la Torre de Les Aigües se imponen como el edén veraniego.

Del 25 de junio al 8 de septiembre este espacio reunirá a familias y grupos de amigos que, nadando a contracorriente, enfilan las calles del Eixample armados con sombrillas y toallas. Precisamente, uno de los atractivos de sus atractivos es que huye de los precios imposibles de muchas otras piscinas. La entrada general cuesta 1,55 euros, 70 céntimos para las familias numerosas o monoparentales y es gratuita para los menores de un año y los mayores de 65. Además, para los que se queda con ganas de repetir, el abono de diez sesiones cuesta 8,9. 

Para encargarse de que el interior de esta isla se convierta en una playa urbana cada día de 10h a 20:30h está la Associació Esportiva Eixample. Su misión, explican, hacer de los Jardines de la Torre de Les Aigües “una alternativa recreativa en el corazón de la ciudad" con un carácter "marcadamente lúdico” y “el agua como elemento protagonista”. Por eso, el espacio no solo cuenta con la zona de baño, sino también con otra pensada para que los más pequeños conviertan la arena en su parque. 

Jardins de la Torre de Les Aigües  / Barcelona Film Comission

UNA TORRE PARA ABASTECER DE AGUA EL EIXAMPLE

Este oasis en pleno corazón de la ciudad no es un champiñón que no creció de la nada. De hecho, su historia se remonta a la proyección del propio Eixample. Cuando Ildefons Cerdà imaginó su ambicioso plan urbanístico no definió cómo abastecer de agua potable a las futuras viviendas que formarían parte de las islas. A pesar de que la zona no tenía problemas de recursos acuíferos, los propietarios del céntrico distrito se agruparon para encontrar soluciones y, en 1862, se le encargó al arquitecto Josep Oriol Mestres que construyera una torre para proveer de agua potable a los vecinos.

Jardins de la Torre de Les Aigües  / Barcelona Film Comission

El proyecto inicial, una torre de 24 metros de altura, sobrepasaba en cuatro los metros permitidos en las construcciones del Eixample, por lo que inicialmente el arquitecto municipal no dio permiso para su construcción y no sería hasta 1867 cuando el alcalde Luis Rodriguez Téllez licitaría el depósito, a cuya construcción se sumó una máquina de vapor y una red de tuberías para repartir el agua entre el vecindario. 

La entonces pionera Associació de Propietaris d'Aigua de l'Eixample adquirió el terreno donde se situaba la torre poco después, en 1870, y la elevó un piso más para aumentar su capacidad. Un siglo más tarde, ya en 1987, el Ayuntamiento embargó el solar por deudas y este espacio se convirtió en el primer interior de isla de uso público al albergar una piscina que se abastece con las agüas freáticas del mismo subsuelo.