El negocio del tráfico de heroína no entiende de horas, lo que supone que los ‘narcopisos’ donde se asienta abran sus puertas las 24 horas y generen un ajetreo de personas constante. La gran mayoría anida en inmuebles vacíos, propiedad de entidades financieras o fondos de inversión, aunque también se han denunciado ocupaciones en fincas de titularidad municipal. A principios de septiembre, los vecinos contabilizaron más de 60 puntos de venta de droga en el Raval.

La insalubridad en las escaleras permite hacerse una vaga idea de lo que pasa detrás de la puerta, aunque el trapicheo no solo se hace en el interior de los domicilios, sino que también en el rellano. Los compradores, que ya tienen fichadas las fincas, entran y salen con asiduidad y no solo consumen en el interior de los domicilios, sino que también se llevan la dosis para inyectársela en vía pública.

La presencia de estos ‘narcopisos’ ha hecho que algunos de los drogodependientes que anteriormente acudían a la sala de venopunción Baluard, en el Raval Sur, ahora hayan vuelto a la calle, donde no tienen ninguna seguridad a la hora de consumir. Por eso, los educadores de la Agència de Salut Pública hacen ruta por el barrio y procuran cambiar jeringuillas nuevas por usadas para evitar casos de contagio de sida y hepatitis.

JERINGUILLAS Y DOSIS

De hecho, Muchas de estas jeringuillas se desechan en la misma vía pública, dejando postales decadentes que indignan a los vecinos. Según las cifras de la comisionada de Salud de Barcelona, Gemma Tarafa, en los meses de verano ha habido un incremento en la recogida de jeringuillas en el Raval, mientras que se ha reducido en los barrios del Eje Besòs. La cifra oscila entre las 1.000 y 2.000, en función del punto del del ciclo en el que se encuentre el consumo de droga, que repunta y cae constantemente.

Tras la administración de la heroína se produce una primera etapa, denominada en el argot ’luna de miel’, en la que el individuo tiene “una sensación de placer muy intensa, y a los pocos segundos un estado de sedación total y cierta euforia, con ausencia de cualquier malestar psíquico”, según describen en el Centre d’Assistència Terapèutica de Barcelona. Estos efectos duran entre dos y tres horas, desapareciendo de forma progresiva y un adicto puede inyectarse hasta cuatro veces al día. En el Raval, la dosis se vende por 10 euros .

OPIO DE PAKISTÁN 

Aunque el foco mediático en el antiguo barrio chino haya aumentado durante el verano, lo cierto es que los vecinos afirman que hace un año que alertaron de su situación. Jacinto, propietario de un bar en el carrer Roig, recuerda que una pelea callejera entre toxicómanos hizo que la alarma empezara a saltar. Fue entonces cuando notificaron que el consumo de heroína volvía a las calles, después de años en los que se había concentrado en la sala Baluard. Pero, ¿cómo llega hasta el Raval?

La caída de 11 miembros de una banda que traficaba con heroína de Pakistán en este barrio arrojó luz sobre el funcionamiento de estos narcopisos. La operación arrancó en octubre de 2016 cuando los investigadores detectaron en el Aeropuerto de El Prat a un ciudadano paquistaní con 393 gramos ocultos en la plantillas de los zapatos.

A raíz de este suceso, se destapó el 'modus operandi' de estas organizaciones a la hora de trasladar la droga desde el país asiático (especialmente en las zonas fronterizas con Afganistán) hasta la capital catalana usando personas que llevaban la droga en dobles fondos de maletas o adosadas al cuerpo. No la transportaban, por lo tanto, como 'mulas' (ingiriéndolas o mediante su introducción a través del ano).

El principal correo fue detenido en Ámsterdam por la policía holandesa con 8,8 kilos de heroína cuando viajaba en un vehículo alquilado. Su destino final era Barcelona. Y es que no hay vuelos directos desde Pakistán hasta la capital catalana, por lo que las personas que trasportan la heroína tienen que hacer obligatoriamente escala.

OTRAS SUSTANCIAS

Posteriormente, se procedió a registrar fincas en el barrio del Raval y se arrestó a otros cinco integrantes de la misma banda, con heroína y otras sustancias para cortar la droga. La red, por lo tanto, conectaría el opio pakistaní con la heroína del Chino.

Los vecinos, además, denuncian que las calles del Raval son un hervidero constante de tráfico de muchas otras sustancias ilegales, entre ellas, la cocaína. Al trapicheo de drogas duras, se suma la venta ambulante de alcohol, especialmente durante las noches y en espacios públicos como parques infantiles donde algunos corrillos se instalan prácticamente a diario a beber.